Podríamos decir que entrar en contacto con el ex piloto de la Luftwaffe, Peter Brill Sander fue fruto de la casualidad…o quizás no. Tal vez el hecho de haber estado buscando durante tanto tiempo episodios de la Segunda Guerra Mundial haya provocado que descubrir a una persona con tanta historia que contar no haya sido fruto del azar. La verdad es que a nuestro equipo técnico y de investigación jamás se nos habría pasado por la cabeza encontrarnos con un ex piloto del mítico Messerschmitt Bf 109 que, a parte de haber combatido para el Tercer Reich, tenía una historia tan desconocida como la de haber sido entrenado para fomar parte de una misión secreta que tenía como objetivo el bombardeo de Manhattan.

¡Si!, como director de cine y productor, estaba hablando por teléfono con Peter Brill; y él estaba dispuesto a contarme todas sus aventuras y penurias vividas durante el conflicto. Haya sido casualidad o no, esta historia merecía ser contada.

A principio del año 2009 habíamos comenzado a trabajar en un proyecto audiovisual sobre aviones de la Luftwaffe caídos durante la Segunda Guerra Mundial en el Pirineo Catalán. Desde la productora MIRASUD Producciones y junto a mi compañero de filmaciones Sergio García empezamos una labor de investigación a través de bibliografía, documentos y testimonios. Todo nos indicaba que en algunas montañas de la zona aún quedaban restos de estos aparatos que, debido a diferentes circunstancias, habían terminado sus días en las crestas rocosas del Pallars. Nuestra idea era organizar una expedición y subir con nuestras cámaras a los difentes picos en los cuales sabíamos con certeza que todavía quedaban restos que podían ser fotografiados y documentados.

Para esta tarea fue imprescindible la participación del investigador y escritor Josep Pla Blanch de la ciudad de Balaguer con quien, a través de sus años de investigaciones y experiencia, pudimos localizar los sitios donde aún estaban los restos de los aviones. La expedición se llevó a cabo a principios del verano del 2010 ya que en esas fechas es cuando en las montañas del Pallars no hay nieve y la localización visual de los fragmentos esparcidos entre las rocas se hace más fácil. Finalmente los restos de un bombardero Dornier Do 217 fueron ubicados a casi 3000 metros de altura dentro del término del Parque Nacional de Aigüestortes. Unos días más tarde ubicamos el sitio donde se estrelló un Junkers Ju 88, del cual muchos vecinos nos mostraron trozos del fuselaje y varias piezas del instrumental de vuelo. A partir de aquí comenzamos a realizar una serie de entrevistas a algunos vecinos del pequeño pueblo de Enviny que, siendo niños, fueron testigos del accidente y una noche vieron caer al Junkers Ju 88 envuelto en llamas. El proyecto “Sombras Capítulo 1”, como así lo habíamos bautizado, estaba en marcha. Pero todavía nos faltaba algo más para reforzar la historia. Era necesario encontrar a algún especialista que nos explicase cómo eran estos aviones y qué funciones cumplían.

Buscando información sobre el Junkers Ju 88 y el Dornier Do 217 fui a dar con el nombre de Peter Brill. En la página Web de L’Aeroteca, una librería barcelonesa especializada en aeronáutica, comprobé que Peter había dado algunas conferencias en el lugar y que lo hacía en calidad de piloto de la Luftwaffe durante la Segunda Guerra Mundial. Automáticamente me puse en contacto con L’Aeroteca para poder tener su contacto y entrevistarlo. Me dijeron que llamara al Aeroclub de Sabadell que seguramente me podían facilitar su número teléfono ya que él todavía volaba una avioneta Cessna y era socio de dicha entidad. Cuando me comuniqué con la oficina del Aeroclub me dijeron que efectivamente Peter era socio del lugar pero que antes de darme su contacto, se lo consultarían a él primero. Yo, como director y productor del proyecto, les pedí que le comunicasen que mi intención era entrevistarlo para que me pudiera explicar algunos detalles de cómo era el interior de algunos bombarderos de la Luftwaffe y cuáles podían haber sido las causas que provocaron que estos aviones se accidentasen en las montañas del Pallars. Peter dio el visto bueno para que me facilitasen su teléfono y pude ponerme en contacto con él.

Pactamos una entrevista pero se tuvo que retrasar algunos días. Hablé por teléfono con él y me dijo que físicamente no se encontraba muy bien porque había tenido un accidente en la bañera. La segunda vez que hablamos por teléfono ya se encontraba mejor y pudimos acordar un día para realizar la entrevista en el ático donde vivía en ese momento, en la avenida General Mitre de Barcelona. Cuando entramos en su casa, nos recibió Ilse, su mujer, y nos dijo que subiéramos a la terraza porque ahí nos estaba esperando Pedro (así lo llamaba ella). Junto a todo el equipo de filmación subimos unas escaleras que nos condujeron a una habitación superior. Lo primero que me llamó la atención fue un gran piano que abarcaba casi la mitad del espacio del lugar y que tenía unas partituras de Henri Herz sobre el teclado. En seguida me acordé de las crónicas del periodista soviético Vasili Grossman, cuando escribía que una de las cosas que más sorprendía a los soldados rusos en su avance por la Alemania del Este era la presencia de un piano en los domicilios que iban visitando. Daba igual que la casa estuviera en el campo o en una ciudad, siempre había un piano.

También, colgando del techo de la habitación habían decenas de miniaturas de aviones sostenidos por unos hilos trasparentes, lo que les daba la sensación de estar volando. Las estanterías estaban llenas de libros escritos en alemán sobre aviones y Luftwaffe. Entre todos ellos pude ver la típica insignia que los pilotos de la Luftwaffe llevaban en la gorra. Era de color dorado y parecía nueva, como si el paso del tiempo la hubiera respetado. Le pregunté si la podía observar de cerca y mientras la tenía en mis manos le pregunté si era la que él llevó durante la guerra. Me miró y con su acento alemán me contestó sonriendo: “Esta la compré en un mercadillo en Barcelona. La mía me la arrancaron los rusos cuando caímos prisioneros en el 45”.

Todo estaba listo para la entrevista. Peter había escogido como plató un pequeño patio que tenía al lado de la habitación del ático. Íbamos a usar luz exterior y habíamos decidido filmar con dos cámaras. El sonido estaba a punto y nuestro protagonista dispuesto a grabar. Justo antes de empezar la entrevista, nos hizo una señal levantando su dedo índice para pedir un momento Se puso en pie y entró de nuevo en la habitación del piano. Al cabo de unos minutos volvió con una pila de libros y un pequeño avioncito, una réplica a escala de un Messerschmitt Bf 109. Peter dijo: ¡Ahora si que podemos empezar!.

Cuando la claqueta hizo ¡Clic! frente a la cámara, Peter Brill empezó a hablar. Primero nos relató su infancia y sus recuerdos de la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. Narraba sus juegos de niño en el jardín de su casa y cómo miraba con fascinación a aquellos aviones que pasaban volando sobre las copas de los árboles en un país desesperanzado y convulso. Después pasamos a la Luftwaffe, sus entrenamiento para bombardear Manhattan y los últimos días de la guerra como piloto del legendario Messerschmitt Bf 109. Ya con un tono más apagado entró de lleno a explicar el infierno que pasó siendo prisionero de los rusos durante tres años y lo difícil que fue volver a la Alemania de posguerra. Finalmente, y con más ánimo, explicó cómo llegó a España y se reencontró con su auténtica pasión: Pilotar avionetas. Cuando apagamos la cámara se sentía cansado y se frotaba la nuca. Levantó la cabeza, me miró y dijo: “Sobreviví a toda la guerra, a todos los combates y a la prisión rusa pero el otro día casi me mato de un golpe en una bañera”.

Meses más tarde, al visionar el material, nos dimos cuenta de que esta entrevista no podía formar parte de otro film documental. La historia en sí misma era muy potente, muy humana y, en muchos fragmentos de la misma, Peter nos daba datos totalmente inéditos. Jamás un piloto de la Luftwaffe entrenado para bombardear Manhattan durante la Segunda Guerra Mundial había hablado ante una cámara sobre aquella misión. Teníamos en los monitores de nuestro estudio una historia única que había que narrar.

Durante los años 2011 y 2012 el proyecto de El Diario de Peter Brill quedó congelado. Durante esos dos años estuvimos con MIRASUD Producciones rodando un documental en Argentina con motivo del treinta aniversario de la Guerra de Malvinas titulado “1533 Km. hasta casa. Los héroes de Miramar”. Cuando regresé en el año 2013, retomé el proyecto y decidí contactar con Peter Brill para poder entrevistarlo de nuevo: La idea era poder profundizar en algunos temas respecto a la Luftwaffe y a su participación en la Segunda Guerra Mundial. Mis llamadas a los números de contacto que tenía eran en vano. Los mensajes automáticos decían que esos números ya no existían. Finalmente, y después de varias llamadas a diferentes lugares, pude hablar con la mujer de Peter Brill. Ilse se acordaba perfectamente de nosotros y me transmitió la peor noticia. Pedro había fallecido en Palma de Mallorca ese mismo año después de haberse mudado de Barcelona a la isla. Le planteé a Ilse poder continuar explicando la historia de Peter y me facilitó el contacto de su hijo Jochen con la intención de que éste pudiera ayudarme a completar la historia.

Jochen recordaba que su padre le había comentado que unas personas habían venido al ático de Barcelona a entrevistarlo y que había explicado todas sus experiencias durante la guerra. Su hijo, en nombre de toda su familia, me agradecía el hecho de estar rescatando la memoria de su padre en un film. Yo le dije que si bien teníamos un pre montaje de la entrevista, y que este ya había ganado algunos premios en diferentes festivales de cine, me gustaría saber si había algún material de archivo fotográfico o documental en posesión de la familia que se pudiera incluir en el film para enriquecerlo y hacerlo más extenso. Ante mi sorpresa me comenta que su padre, antes de morir; y animado por ellos y su nuera Rosa, comenzó a escribir sus memorias. Se habían hecho unas ediciones simples de las mismas para repartir entre los familiares y amigos más allegados. También me comenta que hay fotografías, cartas desde el frente y algunas cintas en formato Súper 8 mm. La historia del veterano piloto de la Luftwaffe aún tenía muchas cosas pendientes de contar.

A los pocos días recibí una caja que contenía las memorias de Peter Brill Sander. Era un pequeño libro azul con una foto de él en la portada, vistiendo el uniforme de gala de la Luftwaffe. También había un montón de cintas en Súper 8 mm. de las cuales nadie en la familia recordaba qué imágenes contenía. Rápidamente llevé las cintas al estudio para su visionado. Entre filmaciones de veranos en Sitges, Jávea y otros lugares de España apareció algo muy especial. En una de las cintas aparece Peter Brill subiendo a la cabina de un avión Bücker. La caja de la cinta estaba rotulada y decía: Aeródromo de Valencia, 1964. La Bücker despega y desaparece en la distancia. En seguida recordé una frase que Peter me repitió varias veces durante la entrevista: “Mi sueño solamente era volar”.

En el año 2015 entré en contacto con el investigador y administrador del Blog Historias Segunda Guerra Mundial, Pere Cardona. Ambos colaborábamos con artículos e investigaciones para la revista especializada WW2GP (World War Two Global Project Magazine). El director de la publicación, Joan Santonja, nos puso en contacto. En varias charlas con Pere le comenté que tenía en mi poder las memorias de Peter Brill y que aún quedaba material por revisar ya que en su domicilio de Palma de Mallorca, todavía quedaban cartas, fotografías y documentos por revisar. A partir de ahí comenzamos a planear nuestro viaje a la isla. Mi cámara fotográfica y la grabadora ya estaban preparadas. La historia de Peter Brill tenía algunas sorpresas pendientes.

Habíamos aterrizado en el aeropuerto de Mallorca a las nueve de la mañana. En la salida nos esperaba su hijo Jochen junto a un pintoresco Volkswagen “Escarabajo” descapotable. Durante el viaje en el coche hacia su domicilio, hablamos mucho de su padre y el valor histórico que tenían sus experiencias. Jochen nos comenta que su madre, Ilse, nos tiene preparadas un montón de cajas que contienen fotografías y documentos referentes a Peter y su vida durante la Segunda guerra Mundial. También nos explica que él, en su casa, tiene decenas de cartas escritas por Peter enviadas desde los diferentes frentes en los que estuvo durante la guerra. El puzzle empezaba a completarse y todo este nuevo material prometía arrojar nuevos datos sobre las experiencias de Peter durante la guerra.

La sorpresa no pudo ser mayor. En el piso de Palma, Ilse empezó a mostrarnos álbumes de fotos, documentación y escritos dejados por Peter. Había fotografías de su infancia, imágenes de su padre que había participado en la Primera Guerra Mundial, fotografías durante sus entrenamientos previos a la guerra y algunas cartas desde el frente. Entre carnets de piloto y otros documentos personales, aparecieron unas tarjetas del tamaño de una postal. Tenía inscripciones en ruso y debajo se podía leer en francés: “Carta de un prisionero de guerra”. Teníamos en nuestras manos nada más y nada menos que la correspondencia que Peter Brill enviaba a su familia mientras fue prisionero de los rusos hasta el año 1948. También había fotografías suyas junto a sus compañeros de escuadrón y los carnets obligatorios que certificaban que eras miembro de las Juventudes Hitlerianas. Con todo este valiosísimo material fotografiado, Pere y yo, emprendimos nuestra vuelta a Barcelona.

Paralelamente a esto, habíamos mantenido algunas reuniones con el editor Joaquim Portabella de Dstoria Edicions para tratar de editar un libro con las memorias. El formato que teníamos pensado era el libro más el documental, todo en uno. Juntando todo el material que teníamos y ampliando el film podíamos sacar a la luz una historia muy poco conocida sobre la Luftwaffe y la Segunda Guerra Mundial. Teníamos todos los ingredientes para empezar a trabajar y de esta manera nació el proyecto “El diario de Peter Brill”. Un trabajo de investigación, basado en las memorias de un piloto alemán cuyo sueño era volar y al que las circunstancias de una Alemania convulsa lo llevaron a participar en la Segunda Guerra Mundial.

Los restos de Peter Brill Sander descansan en el Cementerio de Lluchmajor en Mallorca y su tumba tiene un pequeño Messerschmitt Bf 109 sobre la lápida. Él me confesó durante la entrevista que: “El Messerschmitt Bf 109 podría haber sido mi tumba pero de alguna manera también fue mi salvación”.

Barcelona, 23 de junio del 2016

Laureano Clavero y Pere Cardona

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